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El Pais.com

La espina clavada de los crímenes sin resolver.

En España se producen unos 300 homicidios anuales de los que entre un 10% y un 20% no se resuelven. Comienza entonces un trabajo marcado por el tesón y la imaginación.
17/10/15
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PATRICIA ORTEGA DOLZ. Madrid 14 OCT 2015.

Hace algo más de un año que el caso del asesinato de la joven Eva Blanco —decenas de carpetas clasificadas en los archivos de la comandancia de la Guardia Civil de Madrid— volvió a coger brío. Llevaba cerca de 17 años aletargado, removido de vez en cuando por alguno de esos guardias que sentían “la espinita clavada” de un crimen sin resolver. Ese asunto pendiente que provoca la repetición de una voluntariosa frase en las secciones y unidades de homicidios: “Esto lo vamos a sacar, antes o después lo vamos a sacar”.

Comienza así una historia de complicidad, casi íntima, entre víctima y agentes, que en el caso de la chica de Algete evidenciaron las lágrimas del capitán Rubén Valero, cuando el pasado 1 de octubre les comunicaba a los padres de la adolescente que, 18 años después de su muerte, habían encontrado a su presunto asesino en una población francesa.

El empeño de los investigadores en agotar todas las posibilidades, las ideas que surgían con las nuevas incorporaciones de personal al grupo de homicidios, los denodados intentos por no perder “la imaginación para abrir nuevas líneas de investigación”, les llevó a solicitar a la juez una prueba más: Que se cotejase de nuevo el ADN encontrado en su día en las bragas de la adolescente —tenía 15 años y cursaba primero de la ESO cuando fue violada y asesinada— pero esta vez con el objetivo de delimitar la zona geográfica de la que podía proceder el agresor. La juez lo autorizó. Y ese fue el análisis crucial que realizó el Instituto de Medicina Forense de Santiago de Compostela. Su conclusión, conocida por los agentes en enero de 2014, dio un inesperado giro a la investigación: “El código genético puede corresponder con una probabilidad del 90% a una persona de la zona del Magreb”. Así fue como se buscó el ADN de las 250 personas con ese origen que residían en la localidad madrileña en 1997, el año en que se produjo el crimen.

La sección de Criminalística de la Guardia Civil las volvió a cotejar con la correspondiente a aquellos restos de semen y ¡eureka!: “Saltó una que coincidía en el 97%, tenía que ser de un hermano”. Eran cuatro, uno de ellos una mujer. “A Ahmed Chelh, de 52 años, nacionalidad española y origen marroquí, se llegó por descarte”.

España sigue siendo uno de los países con la tasa más baja de homicidios de Europa, con aproximadamente 300 casos al año —323 en 2014, según los datos del Ministerio del Interior— de los que entre un 10% y un 20% entran en los armarios de la policía y la Guardia Civil como pendientes de resolución. En 2014 se esclarecieron, 232 (el 72%). “Los homicidios son delitos que dan de lleno en la sensación de seguridad de la gente”, dice un investigador. Algunos, pasados los 20 años de rigor, prescriben. A otros, como el del niño Yeremi Vargas desparecido en Canarias hace ocho años, “se vuelve cada mes, sin que siquiera haya cuerpo”, se convierten en esa espinita… “Los asuntos tienen más o menos actualidad o viabilidad, pero solo la prescripción legal de delito los cierra definitivamente”, apunta un curtido policía de homicidios.

Una zona llena de interrogantes

No quedan memorias vivas o en activo en la Guardia Civil para acordarse del triple crimen de Macastre, prescrito en 2009 sin que se haya encontrado al autor o autores. Murieron tres adolescentes -dos chicas y el novio de una de ellas- después de irse de acampada a los montes de Macastre (1.300 habitantes, Valencia) un 19 de enero de 1989. Sus cuerpos se fueron encontrando en los meses sucesivos, en la caseta de un pastor el de Rosario Gayete, echado sobre un viejo camastro sin aparentes signos de violencia. El de Francisco Flores (su novio), encontrado a 300 metros de ese mismo cobertizo el 8 de abril… Inicialmente parecían tres chavales -de entre 14 y 15 años- que se habían pasado coqueteando con las drogas (inhalación de benzol, concretamente). Sin embargo, el hallazgo el 24 de mayo del último cuerpo, el de Pilar Ruiz Barriga junto al río Magro, en el municipio de Turís, con la mano y el pie segados por una sierra mecánica, desmontó esa teoría. Sus miembros aparecieron después en contenedores de basura de pueblos limítrofes. Se llegó a relacionar el asunto con el crimen de las niñas de Alcàsser, pero nada pudo probarse. Hoy sigue siendo un misterio.

 

Como otros crímenes cometidos curiosamente en la misma zona: el caso de una joven de 20 años enterrada en un campo cercano a Macastre y hallada por una pareja en septiembre de 2008. Siete años antes, en enero de 2001, un trabajador que revisaba los contadores de luz de las viviendas de la localidad descubrió unos huesos y un cráneo. El forense aseguró que habían sido seccionados con una sierra mecánica. Y más recientemente, la policía ha resuelto un crimen similar al de Eva Blanco. Lady Vanessa Murillo, una joven colombiana de 17 años, desapareció un 1 de junio de 2008 en Valencia, después de salir del instituto para ir a comer a casa de una amiga. Debía ir a recogerla su padrastro pero, supuestamente cuando lo hizo, la chavala ya no estaba allí. Su cuerpo, desnudo, fue encontrado el 8 de agosto por un perro y sus dueños en un descampado de Macastre, aunque hasta marzo de 2010 fue un cadáver sin nombre ni apellidos en las neveras del Instituto de Medicina Legal de Valencia. Los cálculos forenses sobre el momento de la muerte no fueron demasiado precisos y confundieron a los investigadores que tardaron años en conectar la desaparición con el cuerpo. Aquella conexión le dio un nuevo impulso al caso que se dio por cerrado en 2011, cuando los investigadores le imputaron el crimen al padrastro “obsesionado sexualmente con la chica”, y encarcelado por aquel entonces en Colombia por un asunto de drogas.

Los rastros gallegos

Sin remontarse tan atrás, Elisa María Abruñedo, vecina de Cabanas de 40 años, casada y madre de dos hijos, sigue esperando a que encuentren a su violador y asesino. Tras batidas de perros, guardias, familiares y amigos, su cuerpo, semidesnudo, lo encontró un vecino muy cerca de la carretera que conduce a Fene, a 400 metros de su casa. “No parece algo planeado, el asesino se la encontró y actuó”, dice un investigador. La violó y la acuchilló con saña tres veces. Había salido a pasear, como tantos domingos. Aquel 1 de septiembre de 2013 iba sola, porque su marido estaba en un entierro. El último que la vio con vida fue un vecino, ya de vuelta a casa. Secreto de sumario. Su caso, coincidió en el tiempo con el de la niña Asunta —juzgado estos días en Santiago de Compostela—. Oficialmente las líneas de investigación están muertas, pero hay quien sigue trabajando en la llamada Operación Lavandeira…

También el caso del cura Adolfo Enríquez, párroco durante 45 años de sus 77 en Vilanova dos Infantes, una pedanía de la villa ourensana de Celanova, está colgado. “Solo faltaba la virgen”, señala un investigador. La Virxe do Cristal, una de las tallas marianas más pequeñas del mundo, una minúscula cápsula de vidrio soplado de cinco centímetros datada en el siglo XVII pese a los medios existentes en aquella época, lo que le ha atribuido cierto carácter milagroso. Desde que su hermano lo halló muerto a golpes el pasado 11 de marzo en el cobertizo de su casa todas las hipótesis apuntan al robo sin que se haya señalado aún al asesino o asesinos.

¿Caso cerrado?

El cuerpo de Tomás Martínez López, un anciano de 77 años, fue encontrado en Cala Raja, Nijar (Almería) en noviembre de 2011. Le habían matado de un golpe en la cabeza y le habían robado el coche, que se localizó días más tarde en el paso fronterizo de La Junquera. Una muestra de ADN encontrada en el vehículo centró al presunto asesino, un belga de nombre Etienne Dedroog con numerosos antecedentes y otros dos homicidios a sus espaldas. Sin embargo la Guardia Civil no ha logrado aún demostrar que estuvo en Almería. “Esta acreditado que pasó por Huesca y Valencia después del crimen pero no hemos podido ubicarlo todavía en Almería. Es un caso que está cerrado policialmente pero no judicialmente”.

El eterno retorno

Los investigadores de homicidios hablan del carácter “cíclico” que tienen los casos sin resolver, de esa especie de eterno retorno. De la importancia de los “ojos nuevos”, del “trabajo en equipo y del brain storming, sin descartar genialidades individuales”, de la necesaria “presión directa y continuada sobre los posibles involucrados”, del uso de “los medios de comunicación para “provocar reacciones o la aparición de nuevos testigos”, de la ampliación a otros “asuntos similares que puedan estar relacionados”… Y de volver, volver, volver, con tal de "sacarse esa espina de una vez".

El País.com

 

 

  

 

  

 


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