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El País.com

Hyeonseo Lee, la norcoreana que desertó por curiosidad.

La activista publica un libro sobre su huida del país más represor del mundo.
09/09/15
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Para cualquiera resumir su vida en un discurso de 12 minutos sería tarea ardua. Más aún si lo tienes que hacer en un idioma que no es el tuyo. Hyeonseo Lee cuenta ante un copioso desayuno que dedicó un año al proyecto, a prepararse para dar una charla TED, las conferencias de moda, las más difundidas del mundo. “Cuando era joven, creía que mi país era el mejor del mundo…”, así empieza Mi huida de Corea del Norte, 12 minutos en primera persona, en inglés, que más de cuatro millones han visto en Internet. En términos norcoreanos, su huida fue fácil, le bastó cruzar un río helado desde su ciudad, Hyesan, a China. Estaba a punto de cumplir los 18.

La historia que narra Lee, de 34, es muy distinta de las de la mayoría de los norcoreanos que han logrado huir a Corea del Sur. Sin duda hay sufrimiento —presenció una ejecución de niña, dejó atrás a su familia y solo lograron reunirse 14 años después— pero no es un cúmulo de penalidades insoportable. Ella pertenecía a la casta de los leales, los menos reprimidos. A diferencia de sus compatriotas, básicamente confinados en sus ciudades, vivió en varias partes del país. Y —fundamental— no huyó acosada por el hambre (ni por discrepancias con el régimen) sino atraída por la curiosidad, ese sentimiento que los habitantes Pyongyang parecen tener anestesiado según constata cualquier visitante. “Es que ser ignorante en Corea del Norte es la manera más segura de sobrevivir”, recalca.

La coreana fue en 2013 la primera desertora que contaba su historia a una audiencia occidental sin traducción de por medio. Aquello multiplicó su impacto. “Mis 12 minutos hicieron más que 10 años de trabajo de las ONG”, asegura vanidosa. “Llegó a todo el mundo… Hasta Gaza. Y África”, explica durante la escala en Madrid para presentar su biografía, La chica de los siete nombres (editorial Península) por las identidades que los avatares le obligaron a adoptar.

Mientras crecía, vivió en aquel rincón fronterizo con China fenómenos entonces limitados que se van generalizando. “Mi madre sabía sobornar con aplomo” en los ochenta, escribe en el libro. “Hoy Corea del Norte es un país corrupto en el que, si tienes dinero, todo es posible”, aseguraba el martes esta admiradora de la televisiva Oprah Winfrey y que considera a Samantha Powel, la embajadora de EEUU ante la ONU, el ser más inspirador del planeta. Chica lista, su dominio del mandarín fue clave para que le fuera aceptablemente en China y lograra llegar a Seúl para pedir asilo.

Como otros de los acogidos en Corea del Sur, Lee fue una fugaz estrella de la tele. Participó en 2012 en una tertulia televisiva de desertoras norcoreanas. “Otras mujeres contaban que habían sido esclavas sexuales”, explica, pero su historia no era comparable. “La mía tiene final feliz”. Se casó con el voluntario estadounidense que le enseñaba inglés en Seúl. De él fue la idea de presentar su historia al TED.

El relato de Lee no se puede contrastar. Es algo habitual con los testimonios norcoreanos, cuya credibilidad ha sufrido un golpe. Admite el daño que ha supuesto a su causa que el testigo número uno de la ONU, Shin Dong-hyuk, maquillara su terrible historia de supervivencia en un campo de prisioneros políticos. “Es un gran problema, hasta yo debo analizar ahora si lo que cuentan es verdad o mentira. Son errores de unos pocos desertores”.

Ha abandonado el sueño infantil de “ser empresaria y viajar” para convertirse en “oradora, activista de derechos humanos y autora”. Prepara un segundo libro “sobre diez desertoras”. Las víctimas del país más represivo del mundo ya tienen voz en inglés. Una mujer que, por cierto, al casarse decidió mantener su nombre de soltera, su séptimo nombre, y que es de la generación del dictador Kim Jong-un. “Espero que alguien de su círculo intente matarlo”, dice, aunque no cree que eso derroque el régimen.

elpais.com

 

 

  


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