Logo con las siglas del Partido Socialista Obrero Español.
Cuadrado rojo con letras PSOE en blanco. Símbolo del partido. Cuadrado rojo con un puño y una rosa en blanco.

El País.com

Mi padre habría votado ‘no’

El periodista John Carlin repasa las claves del referéndum escocés a través de su familia.
16/09/14
  • Del·licious
  • Meneame
  • Facebook
  • Twitter
  • GoogleBookMarks
  • Imprime
  • Comparte
  • Da tu opinion
Votar:

Votar:

 

JOHN CARLIN 14 SEP 2014

Mi padre, que era escocés, odiaba a Winston Churchill. Poco antes de que muriera, cuando yo tenía 17 años, le pregunté por qué. Perplejo, ya que en la escuela a la que iba en Inglaterra me enseñaban que Churchill había sido el líder que inspiró la victoria contra Hitler, no entendía cómo él, que había combatido en la II Guerra Mundial de principio a fin, se ponía colérico con la mera mención de su nombre. Además, mi padre había sido teniente en la Royal Air Force, a cuya valentía Churchill dedicó una de sus frases más célebres: “Nunca en la historia del conflicto humano tantos debieron tanto a tan pocos”.

Mi padre, haciendo un esfuerzo visible para calmarse, intentó explicarme por qué sentía desprecio y no gratitud por Churchill. Me dio una lista de razones. Churchill era un ególatra que si no hubiera sido por la guerra habría sido recordado como un oportunista que cambió de partido político dos veces. Provenía de la aristocracia inglesa y el desdén visceral que sentía por la clase trabajadora tuvo su más repelente expresión en 1910 cuando, como ministro del Interior, envió tropas del Ejército a reprimir una huelga de mineros. Sus esculpidas frases durante el enfrentamiento con los nazis resultaban muchas veces repugnantemente faciloides para aquellos combatientes que, como él, sabían lo que era el horror y el terror de la guerra. Y encima, me dijo mi padre, Churchill fue un carnicero. Nunca, nunca le perdonaría el bombardeo de la ciudad alemana de Dresde que él mismo autorizó en 1945, con la guerra ya prácticamente ganada, y en el que murieron sin justificación 250.000 civiles indefensos; más que en Hiroshima.

Churchill representaba a la perfección, como después lo haría su heredera política y ferviente admiradora Margaret Thatcher, a la casta altiva del establishment inglés, rechazada visceralmente por un elevado porcentaje de la población escocesa. En vísperas del referéndum que se celebrará este jueves en Escocia, los argumentos de mi padre contra el inglés más admirado del siglo XX siguen destilando bastante bien la sensibilidad nacional escocesa. Según los apretados resultados de las últimas encuestas, no es descartable que una mayoría vote a favor de la independencia y la abolición de la entidad conocida como Gran Bretaña, creada hace 300 años.

De lo que no hay duda es que, en cuanto a valores sociales y políticos, Escocia es diferente, incluso tomando en cuenta a aquellos escoceses que votarán no el próximo jueves a la independencia. Les repele el modelo de capitalismo desenfrenado simbolizado hoy por Londres, junto a Nueva York, la gran capital financiera del mundo. En Escocia lo que predomina es algo más parecido al espíritu comunitario de los países escandinavos o, incluso, del País Vasco. El ya alto grado de autonomía que posee el Parlamento escocés ha resultado en un sistema de servicios públicos mucho más generoso que el inglés en áreas como salud, transporte, educación universitaria y apoyo a los ancianos. La diferencia política entre Escocia e Inglaterra se refleja en los resultados de las últimas elecciones generales británicas. De los 59 parlamentarios que representan a Escocia en el Parlamento de Westminster en Londres, solo uno pertenece al Partido Conservador de Thatcher y Churchill, y del actual primer ministro, David Cameron. Ser gobernado por los conservadores es para un escocés hoy lo que sería para un inglés vivir bajo el mando del Partido Republicano de Estados Unidos.

Lo que yo me pregunto, en el intento de definir mi posición como británico medio escocés —y medio español— frente al referéndum, es qué habría votado mi padre. Lo lógico sería pensar que diría quesí a la separación. Además de haber votado siempre por el Partido Laborista (la muerte le salvó del disgusto de tener que ver a Thatcher como primera ministra), era el clásico escocés que no dejaba de recordar los grandes inventos y descubrimientos que su gente había aportado al mundo (el teléfono, la televisión, el radar, la máquina de vapor, la bicicleta, la penicilina, el golf) y que se vanagloriaba de la derrota, mundialmente famosa gracias a Hollywood, de los pérfidos ingleses a manos de William Braveheart Wallace en la batalla de Bannockburn de 1314. Otra cosa que recuerdo de mi padre es que, pese a haber vivido casi la mitad de su vida en Inglaterra, nunca perdió su fuerte acento escocés de Glasgow, donde nació.

Pero los sentimientos y las razones de las personas, como los de las naciones, son ambiguos, complejos y, al final, indescifrables. Tengo mis dudas de que mi padre hubiera votado por la independencia. En parte porque mucho de lo que soy lo heredé de él y yo no votaría por dejar de ser británico. No creo que la palabra divorcio, tan utilizada estos días en la prensa, sea la más apropiada para describir el objetivo que contempla este referéndum. Entiendo la separación más en función de las consecuencias que tendría para una familia, para los hijos, y si finalmente ocurriera, me sentiría disminuido, partido por la mitad.

...

...

 

(Ver artículo completo)

 

 

 

  

 

  


REPORTAJES Y ENTREVISTAS

barrafooter

w3cPSOE - CEF © Ferraz, 70. Madrid. Tel. 91 582 04 44 infopsoe@psoe.es
AVISO LEGAL Optimizado a 1024 x 800 píxeles | Mapa Web | Contacto
POLITICA DE PRIVACIDAD

  • Facebook
  • Twitter
  • Pinterest
  • Google+
  • Youtube
  • Flickr
  • SoundCloud