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Propaganda de película para el califato.

El Estado Islámico despliega un aparato mediático apoyado en la Red y la calidad de sus vídeos El odio a Washington gana terreno en sus proclamas tras la intervención militar aérea.
09/09/14
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ÓSCAR GUTIÉRREZ Madrid 7 SEP 2014

Decía recientemente un responsable de seguridad en una conversación mantenida con este diario en Bagdad que muchas mañanas se levantaba y leía con asombro en las redes que los yihadistas del Estado Islámico (EI) habían atacado el aeropuerto de la capital iraquí. Luego cogía el teléfono, hablaba con colegas, y nada de nada. Todo en orden, salvo el frente abierto en Twitter, Facebook, YouTube... El terror y la mentira corrían como la pólvora en las primeras semanas tras la toma, el 10 de junio, de Mosul por milicianos del EI. El miedo, a través de Internet, era la avanzadilla de los yihadistas. “No sabes lo que está pasando ni dónde están”, se resignaba este funcionario. Bagdad decidió cortar el acceso a las redes.

Pero las redes son sólo el vehículo de propaganda. En el interior viajan informaciones, opiniones, fotografías y, sobre todo, vídeos con una edición y producción excelentes; con una narrativa audiovisual enganchada a los ritmos del cine y la publicidad. Sirva de ejemplo el metraje de las únicas imágenes en movimiento que se tienen del hombre que el EI identifica como su líder, Abubaker al Bagdadi. A su plegaria en una mezquita de Mosul le siguen tres cámaras con tiros diferentes editados en el montaje final.

La hidra yihadista del EI se apoya en un sinfín de productoras, equipos de comunicación sobre el terreno, redes más o menos conocidas y webs de soporte que hacen prácticamente imposible cortarle siquiera la cola. A la cabeza están Al Hayat Media Center y Al Furqan, firmas que aparecen en muchos de los vídeos que, por su calidad técnica, más se han devorado en la Red. También habituales son las cintas que difunden las ramas simpatizantes yihadistas británica Rayat al Tawheed y francesa Firqat al Ghuraba.

Un dron con una cámara incorporada graba imágenes desde el cielo de la ciudad de Faluya (este de Irak), mientras milicianos del EI circulan con sus todoterrenos y fusiles en señal de victoria. Así arranca la película El sonido de las espadas, una de las cintas más populares bajo el sello de Al Furqan. El aparato no tripulado da vueltas y vueltas hasta que la imagen se funde con un yihadista lanzando un mortero. Siguen los desfiles de victoria, la persecución y asesinato de enemigos, las plegarias de los hombres al mando (en las que aparecen cámaras fotográficas de calidad grabando vídeo)... Terror, triunfo e ideología son los pilares del aparato mediático yihadista.

“El primer foco de la propaganda del EI”, señala Usama Hasan, experto en yihadismo de la británica Fundación Quilliam, “era la apostasía y la impureza en Irak”. En la maraña de vídeos, tuits y webs de los yihadistas o sus simpatizantes, pocos mensajes sobre EE UU habían aparecido hasta el mes de agosto. “Con la llegada de la ofensiva aérea estadounidense”, explica Hasan, “parte de la propaganda del EI cambió hacia una audiencia más internacional”. El objetivo: “Llegar a un público más occidental, exagerando el poder y la influencia del EI, al tiempo que intimidan al enemigo”.

EE UU ha cogido fuerza en la maquinaria de propaganda de los integristas, como se observa en el tercer y último número de Dabiq, la revista del EI. Uno de sus dos sumarios de portada reza “La sangre de Foley en las manos de Obama”, en relación con el reportero estadounidense degollado por milicianos radicales en la provincia siria de Raqa. En un inglés impecable, la publicación culpa al presidente de la muerte del periodista e incluye de forma íntegra el que, según defiende, fue el último texto escrito por Foley en su cautiverio.

La decapitación de Foley y, porsteriormente, del reportero también estadounidense Steven Sotloff, ha llenado de indignación las redes con cientos de mensajes en los hashtag (hilo de comunicación) #AmessageFromISISToUS (Mensaje del EI para EE UU) y su rival #AmessageFromUStoISIS. Los yihadistas y sus simpatizantes han recuperado, en su particular contraofensiva, viejos mártires de sus proclamas de odio a Washington, como Anuar al Aulaki, imán radical estadounidense, abatido por un dron de EE UU el 30 de septiembre de 2010 en las montañas de Yemen, tierra de sus orígenes. También recuerdan en la Red la muerte de su hijo de 16 años, Abdulrahman, alcanzado en otro ataque dos semanas después.

La revista Dabiq está en la Red, no hay forma de frenar su difusión a través de los cientos de perfiles de simpatizantes del EI que bombardean Internet. Sí se puede limitar la difusión de la violencia yihadista en plataformas ya tradicionales, como YouTube. Pero la red de apoyo del EI acude, en su lugar, a webs de soporte como JustPaste, para pegar textos, SoundCloud, en el caso de audios, VideoPress, para alojar vídeos en blogs compatibles, Instagram como escaparate de imágenes, WhatsApp para chatear, así como Ask.fm, una red muy sencilla que une a internautas mediante preguntas y respuestas.

Abu Muslim, combatiente canadiense en las filas del EI, protagoniza otro de los vídeos estrella del aparato mediático de los yihadistas, Los pocos elegidos de tierras extrañas. Esta vez, el sello de la edición pertenece a Al Hayat. Arranca el vídeo con el joven contando cómo era su vida en su tierra natal. “No era un anarquista o alguien que quisiera destruir el mundo, sino una persona normal”, dice Abu Muslim con una bandera del EI a su espalda, gafas tintadas y un AK-47 apoyado sobre su brazo derecho. El relato de este joven viene trufado por escenas robadas de buena factura de Canadá, sus ciudades, sus tierras, su fauna... Todo, dice el metraje, era normal para Abu Muslim. Pero no se sentía completo. Se unió al EI y fue abatido en el asalto al aeropuerto sirio de Menag, que muestra el vídeo de captación.

¿Logra el EI captar a extranjeros de este modo? “Ofrecen a los reclutas potenciales”, apunta John Horgan, experto en terrorismo y psicología en la Universidad de Massachusetts, “un lugar donde serán bienvenidos, donde desempeñarán un papel”. Y así lo expresan en redes como Ask.fm. La yihad —su yihad— no solo necesita combatientes, sino también técnicos. “Unos ven que Occidente no se preocupa por los musulmanes, y por su inacción muere gente”, prosigue Horgan, “a otros les motiva la aventura, la excitación, el glamur; se van de vacaciones a la Disneilandia yihadista”.

elpais.com

 

  


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