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El País.com

Trinidad, una isla en la isla.

La ciudad colonial fundada hace 500 años simboliza la pujanza de la iniciativa privada en Cuba.
31/07/14
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MAURICIO VICENT. Trinidad. 31 JUL 2014.

Quinientos años después de la fundación de Trinidad por Diego de Velázquez, la ciudad colonial mejor conservada de Cuba experimenta un nuevo renacimiento asociado al turismo y al auge de la iniciativa privada. La tercera villa fundada en Cuba por los españoles —declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1988— ya dejó atrás lo peor de la crisis del Periodo Especial, cuando su núcleo urbano y la isla entera estuvieron a punto de colapsar tras la desaparición del campo socialista. Eliminado este riesgo, otros retos acechan a esta ciudad de calles empedradas e increíbles casonas de los siglos XVIII y XIX que transportan al viajero a otra época. Si Trinidad es famosa por sus viejas techumbres de teja y sus aleros de tornapunta, tras sus ventanas voladas que acaban en estilizadas rejas a la calle hoy florecen multitud de hostales familiares y los paladares (restaurantes privados) más extraordinarios compiten con numerosos bares y cafeterías particulares.

En el casco histórico de Trinidad hay 1.216 viviendas e inmuebles de valor patrimonial. Y hoy en la ciudad más de 800 casas alquilan habitaciones a visitantes extranjeros y nacionales. Además, unos 90 paladares ofrecen sus servicios —había tan sólo tres en 2011—, 81 galerías de arte se muestran en casas particulares y cientos de artesanos y cuentapropistas (trabajadores autónomos) ofrecen sus mercancías en mercadillos callejeros. Sin duda, lo privado en Trinidad ha ganado la partida: el turista puede pasar unas vacaciones sin gastar un euro en un establecimiento estatal, toda una paradoja en Cuba, donde el 80% de la economía sigue en manos del Estado.

Esta riqueza generada por los particulares no sólo es un motor importante de la economía de Trinidad, también se ha convertido en un factor clave para la conservación del casco histórico. “La mayoría de los trinitarios invertimos en arreglar nuestras viviendas y somos conscientes de la necesidad de preservar el espíritu de la ciudad”, explica Mercedes Cano, dueña de una impresionante casa del siglo XVIII situada en la calle Hernández Echerri, antigua Cristo, a escasos 20 metros del Museo Romántico y de la plaza Mayor de Trinidad, donde todos los edificios son auténticas joyas.

Mercedes se mudó a esta casa a principios de los años noventa, cuando los techos, el patio, los suelos y la cocina “se caían a pedazos”. “Parecía que esto había sufrido un bombardeo”, recuerda, señalando una de las cenefas decoradas con frutas y liras vegetales que ha rescatado en la sala de estar, en la primera y segunda crujías —las partes más antiguas de las viviendas trinitarias, que la Oficina del Conservador no permite modificar en caso de obra—.

“Antes el Estado era el responsable de la conservación, ahora las familias son lo fundamental y el Estado debe estar para apoyarles y orientarles”, afirma Alicia García Santana, académica e historiadora del arte, quien durante dos décadas, hasta los años noventa, trabajó en la conservación de Trinidad. Pasear con ella por esta ciudad de la provincia de Sancti Spíritus —cuya capital colonial, del mismo nombre, acaba de cumplir también 500 años— es toda una experiencia. La gente la para en la calle y le enseña las reformas que ha hecho en casa con el dinerito ganado. Le preguntan qué tal le parece…

Algunas están bastante bien, como la realizada por Manuel Castillo, dueño de un hostal que ha rescatado un patio en ruinas y lo ha convertido en un jardín espectacular. Otras son ejemplo de mal gusto —como el del propietario de un negocio privado que construyó un patio sevillano— y en algunos casos las intervenciones son una agresión a la cara histórica de Trinidad —la más común es levantar terrazas en lugares que rompen con la estética de la localidad—. Este es un problema grave hoy: el dinero y un gusto kitsch, que algunos han bautizado como “estilo Miami”, que ha calado en mucha gente por motivos obvios. Lo admite Lázaro Morgado, dueño de uno de las mejores paladares de Trinidad, Sol Ananda, situado en una de las viviendas más antiguas de la calle Real, esquina Desengaño, en la plaza Mayor, al lado del impresionante palacio Cantero construido por Don Mariano Borrell y Padrón en 1830 cuando en el cercano valle de los Ingenios la industria del azúcar hizo ricos a los trinitarios.

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